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De España a Bélgica en bici con alforjas.

paris

 

“Pero, ¿Entonces te vas? ¿Sólo? ¿Con el mal tiempo?”

“¿Y qué necesidad hay de hacer eso? ¡Estás loco!”

“Vaya cosas se te ocurren, céntrate anda…”

 

Estas son algunas de las primeras frases que escuché al presentaros “Los 2000 de frío y lluvia”, la última gran ruta que acabo de terminar desde España hasta Bélgica.

 

Por suerte, fueron muchísimas más las reacciones positivas y los ánimos que recibí que las negativas. Ese apoyo fue fundamental durante toda la ruta, un gran impulso, sobre todo en los momentos difíciles, que los ha habido, y más si vas solo.

 

Ahora ya en casa, mientras escribo, recuerdo y disfruto de todos y cada uno de los momentos que he vivido en esta gran experiencia. Desde luego no me olvido de los no tan buenos, al fin y al cabo, también son parte de la aventura y de los que más se aprende.

 

Pero basta de cháchara, que seguro que lo que quieres saber es cómo ha sido el viaje. Pasa y te lo cuento.

 

Primera parte. España y los Caminos de Santiago

Los que me conocéis sabéis de mi pasión por el Camino de Santiago, así que tenía claro que ese sería el trayecto a seguir para cruzar a Francia.  El recorrido sería la N-630 siguiendo la Vía de la Plata, para después unirme al Camino Francés y llegar a los Pirineos navarros por Pamplona y Roncesvalles.

 

Lo mejor de la ruta por España, sin duda, es encontrar a gente en los albergues después de pedalear solo todo el día. Y por supuesto, la propia comodidad de dormir en una cama y poder ducharme con agua caliente. Como ya comenté en otro post, Camino de Santiago y cicloturismo son una combinación perfecta.

 

Cinco días más tarde de la fecha de inicio anunciada (por un dichoso virus) salí dirección Cáceres y crucé hacia Castilla y León por el puerto de Baños de Montemayor, con el  Valle del Ambroz y la Sierra de Béjar como testigos. Siempre me parece que el norte extremeño, siendo de mis paisajes favoritos, es de lo más duro.

 

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Amaneciendo en la Sierra de Béjar

Además iba todavía un poco flojo de fuerzas y Salamanca me recibió con un fuerte viento en contra, mi mayor enemigo en esta ruta, y bajada de temperaturas. Eso haría que los 110 kms desde La Calzada de Béjar (Salamanca) a El Cubo de la Tierra del Vino (Zamora) fuese la etapa más dura de todo el viaje. Pero como siempre, las ganas pueden con el cansancio y, con música y paciencia,  conseguía avanzar a buen ritmo.

 

Y llegó la meseta castellana, Valladolid, Palencia y Burgos.  En principio parece lo más fácil, todo llano, pero no os dejéis engañar. Los infinitos páramos castellanos, el frío helador de las mañanas, y carreteras interminables  por monótonas zonas de cultivos harían de las siguientes etapas de lo más pesado de toda la ruta. Eso, junto con la soledad y el dolor de trasero de los primeros días.

 

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La meseta castellana en la provincia de Palencia

Un par de día después, en Frómista, enlacé con la ruta jacobea francesa y con el bullicio de los albergues llenos de peregrinos. Curioso que por fin volvía a tener compañía por las tardes pero a la vez tanta gente me hacía echar de menos mis horas de soledad en la bici. Y así hasta pasar Burgos, Logroño y Pamplona. Ya empezaba a haber más subidas y bajadas, y sabía lo que eso significaba…¡Se acercan los Pirineos!

 

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Pirineos navarros. Subida a Roncesvalles

Por fin montaña, estaba hasta emocionado. Pero el tiempo me lo iba a poner complicado, daban tormentón para ese día y me tocaba subir a Roncesvalles. Dejé Pamplona bien temprano y con lluvia, me dirigí impaciente hacia los primeros puertos de montaña. Por suerte, la lluvia cesó según iba subiendo. Increíble los Pirineos en otoño. Sin duda, mi etapa favorita de toda la ruta. 3 o 4 días más por la montaña hubiera sido perfecto, pero me esperaba Francia.

 

Segunda parte. Francia: el descubrimiento

Francia ha sido la gran sorpresa en este viaje. Por una parte, como país preparado para la bicicleta y por otra, porque ha sido donde me he descubierto a mi mismo como cicloturista. Me explico:

 

Las carreteras de Francia son perfectas para viajar en bici. Todos los pueblos están comunicados por carreterillas (como caminos asfaltados) prácticamente nada de tráfico y, solo de vez en cuando, hay que ir algunos kilómetros por nacionales. Además hay bastante respeto a los ciclistas y todas las grandes ciudades tienen carriles bici.

 

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Carril bici al sur de Burdeos

Pero en Francia ya no hay tantos albergues como en España y toca acampar. Dormir en tienda, hacer la comida en el hornillo… Este es el punto de inflexión en un viaje en bicicleta. Cuando te das cuenta que eres totalmente autosuficiente, que llevas contigo todo lo necesario para no depender de nada, solo de ti mismo. Es el mayor grado de libertad que puedes alcanzar en la bici, y la satisfacción es enorme, difícil de describir.

 

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Acampando en la orilla del río Loira

Así que ya al otro lado, a los pies de la montaña en Saint Jean Pied de Port, me levanté decidido a conquistar Francia.

 

Largas rectas entre bosques de pinos durante cientos de kilómetros. Son Las Landas, aunque más bien parece Alaska. Y cuando te das cuenta estás en Burdeos. El buen tiempo y el no tener otra cosa que hacer que dar pedales y disfrutar, hizo que empezaran las jornadas de 120-130 kms diarios. Las piernas aguantaron sin problemas, y cuando me di cuenta había pasado Poitiers y estaba a las puertas de Tours.

 

En Poitiers cumplí dos semanas de viaje. La soledad, el frío y la niebla me lo recordaron. Quizás el momento más complicado, un bajón de moral. Unas horas más tarde y avanzando a duras penas, a punto de  llegar al Valle del Loira, volvió a salir el Sol. Adiós bajón, me vine arriba y de nuevo a disfrutar del viaje.

 

Avancé tranquilamente junto al río, entre preciosos pueblitos e impresionantes y lujosos Chateau. En concreto, el “Chateau de Chambord”, con su denso bosque rodeándolo, te deja sin palabras. Pero el Valle del Loira me decepcionó un poco. Iba ilusionado por encontrar más cicloturistas, compartir algunos kilómetros, y no encontré a nadie. Así que solo, una vez más, acampé en la orilla y a esperar al siguiente día.

 

 

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Chateau de Chambord, Valle del Loira.

Orleans. 30 kms antes llegan las averías. Pinchazo y rotura del eje trasero. La única solución es andar hasta el siguiente pueblo y tomar un tren a Orleans para buscar una tienda de bicis. Tres horas más tarde todo solucionado. Me lo tomé con calma y aproveché para visitar bien la ciudad. Al final del día, ya de noche, sin pilas en la linterna y de nuevo con otro pinchazo, conseguí llegar a un camping. Hice 100 kms en una tarde y una ducha en un día catastrófico es una recompensa.

 

De Orleans a París nada que contar. Solo kilómetros y kilómetros de tierras llanas sin árboles y montañas y montañas de nabos que esperan ser recogidos. Si, como te lo digo, nabos a tutiplén.

 

París: una relación de amor-odio

Me levanté realmente animado, es más, ni madrugué ese día. Me esperaba París. Con toda la ilusión del mundo salí a su encuentro. En principio 65 kms. Poco a poco fui perdiendo las ganas. Llevaba 80 kms y todavía no había divisado la Torre Eiffel. Pueblos, polígonos, más polígonos, tráfico, ruido, la carretera de un lado a otro, parecía que no avanzaba y encima subidas y bajadas rompepiernas. Entre eso y las nabos del día anterior empecé a estar harto de París, y de repente la Torre Eiffel ante mí. Amor a primera vista.

 

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Pablo en la Torre Eiffel.

 

Por primera vez en todo el viaje fui consciente de dónde estaba y de los kilómetros recorridos. Dejé la bici, me tumbé delante y disfruté del momento con una sonrisa de tonto en la cara. Un rato después continué con mi tour por la ciudad. Tenía un par de horas y había que aprovecharlas.

 

París, espectacular. Bien merecida se tiene la fama, pero que difícil llegar hasta ella.

 

Al caer la noche, la cosa cambia, y si no tienes alojamiento ya ni te cuento. Menos mal que Carlos me iba solucionando la vida desde su ordenador. Si que os digo que me quedé en un albergue juvenil muy guapo, todo gente joven con ganas de fiesta y buen rollo, pero yo no estaba para fiestas.

 

Tercera parte. Bélgica, el reencuentro

Igual no lo sabéis, pero París-Lille lo hice en tren. Me quité 3 días de bici para poder llegar un viernes. Después del palizón que llevaba llegar un lunes como que no me apetecía mucho. ¿A que lo comprendéis?

 

Pues eso, tras despedirme de mis compañer@s de habitación, dos hermanas de Nueva Caledonia (isla del Pacífico) y un argentino, cojo el tren a las 6:45 h y a las 7:45 estoy en Lille. Preparo la bici y tiro para Bélgica, así como si nada.

 

35 kms después, con la frontera cruzada, me encuentro a Carlos esperándome en pleno recorrido. Emocionante. Y misión cumplida, ya está “Tormenta” con su dueño. Solo quedan 50 kms hasta Gante que hacemos juntos. Los primeros kilómetros en compañía desde que salí de Villafranca 20 días antes.

 

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Encuentro de Carlos y Pablo en la frontera de Bélgica con Francia.

Bélgica. Gante. Por fin

Toca descansar y pasarlo bien. Recorremos Gante, Brujas y Bruselas y probamos las mejores cervezas del país. Es hora de hidratarse. Un país espectacular. Supera todas mis expectativas. Y de las bicis aquí ya ni os cuento. Como explicó Carlos en otro post, Bélgica es el país de las bicicletas.

 

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Pablo en el centro de Gante, con las tres torres detrás, símbolo de la ciudad.

 

¡Un éxito!

Ese podría ser el resumen de la ruta. La experiencia ha sido increíble, y además, admito que he tenido suerte, mucha suerte con el tiempo. Igual en vez de “Los 2000 de frío y lluvia” debería llamarla “Los 2000 de sol y frío”, porque en 20 días apenas me ha llovido 4 horas sobre la bici, y he visto el sol prácticamente todos los días. Eso si, las primeras horas de la mañana bien frías.

 

Si quieres ver como fue mi día a día durante la ruta no te pierdas este vídeo-resumen:

 

***

Lo malo es que ahora tengo ganas de más, incluso echo de menos a “Tormenta”. Así que a planear la siguiente. Por supuesto, muchísimas gracias a Carlos y Valle por ser mis anfitriones y por un fin de semana increíble.

 

 

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Pablo

Biólogo. Alberguero del Albergue de peregrinos Tierra de Barros (Villafranca de los Barros). Escalador de puertos, parte-cadenas. Adelanto a los de downhill con mi rígida (alforjas incluidas). Apasionado de la bicicleta y del camino de Santiago.

2 Comments

  1. ¡Hola!

    Dentro de una semana salgo hacia groningen. Voy a seguir una ruta bastante cercana a la tuya… pero diferente. Madrid-Pedraza-Aranda de Duero-Burgos-Vitoria-San Sebastian-Burdeos-(nosedondeperonoparís)-Lille-Gante-Rotterdam-Groningen. O sea que nada de Eurovelo, Pirineos ni de París.

    Tu experiencia me sirve como inspiración… y para mejorar mi proyecto. Quiero hacerlo rápido, porque 19 días después de la salida tengo plan en Rotterdam, a ver si puedo.

    Me gustaría preguntarte acerca de la acampada libre en Francia y en Pais Vasco. ¿Tuviste algún problema?¿Se puede acampar en cualquier sitio?

    ¡Muchas gracias!

    • Hola Riqui!
      Me alegro que este viaje te haya inspirado! Es lo que buscamos al compartir nuestra experiencia.

      En Francia no tendrás ningún problema con la acampada libre, son más permisivos que en España.

      Disfruta esa pedazo ruta que vas a hacer y cuéntanos qué tal te fue!

      Un saludo alforjero

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