¡Hola alforjero! Hace poco te hablamos de candados seguros para bicicletas. Pero seamos honestos, en un viaje largo, llevar uno de esos candados de alta seguridad puede suponer un peso extra difícil de justificar.
Eso no quita que no debamos tomar medidas de seguridad. Las bicicletas, especialmente las eléctricas, cada vez son más caras y son uno de los objetos más robados en todo el mundo.
Cuando viajas en bici, cada parada es una pequeña aventura… y también un riesgo. Ya sea para comprar algo en el súper, hacer una foto en el centro histórico o simplemente descansar un rato en la plaza del pueblo, la pregunta siempre es la misma: ¿Dónde dejo la bici sin que desaparezca?
No se trata solo del valor de la bici. Llevas alforjas, equipaje, recuerdos… A veces, toda tu ruta depende de que tu bici siga ahí cuando vuelvas. Por eso, elegir bien dónde la aparcas mientras viajas es casi tan importante como llevar un buen candado. Aquí van algunos consejos pensados especialmente para quienes pedaleamos lejos de casa.
Índice de contenidos
1. Si vas a parar poco tiempo, no la pierdas de vista
Cuando entras a un supermercado, una panadería o una tienda pequeña, elige lugares donde puedas ver la bici desde dentro. Incluso preguntar al personal si puedes dejarla justo en la puerta (o incluso dentro, si no molesta) puede ahorrarte más de un disgusto.
En pueblos pequeños es más fácil encontrar comprensión si explicas que estás viajando y llevas todo encima. Muchos cicloturistas lo saben: la hospitalidad es un gran recurso. Si paras en un bar a tomar algo, pregunta si puedes meter la bici en el patio o dentro del local. Si haces noche en un alojamiento sin sitio seguro, explícaselo y ofrece alternativas (pasillo, almacén, etc.).
No siempre dicen que sí, pero muchas veces sí… si lo pides bien.
2. En zonas turísticas: aparca donde haya más gente (y si hay cámaras, mejor)
Los cascos históricos o zonas turísticas pueden parecer seguras, pero también son lugares donde los ladrones saben que hay bicis caras y más distracciones. Por eso, elige aparcar en zonas transitadas, cerca de terrazas, entradas de museos o donde haya flujo constante de gente.
Y si puedes, fíjate si hay cámaras de vigilancia cerca: bancos, edificios oficiales, control de acceso a edificios públicos, hoteles o tiendas grandes suelen tenerlas. No es garantía de nada, pero su presencia actúa como disuasión. Aparcar junto a una cámara puede hacer que tu bici sea menos tentadora que otra que esté sin vigilancia.
Evita calles laterales o parques poco frecuentados, aunque parezcan tranquilos.
3. Nunca aparques con prisas
Es fácil pensar: “solo serán cinco minutos”. Pero en una parada rápida es cuando más se baja la guardia. Tómate el mismo tiempo para elegir dónde aparcar que para comprar el pan o hacer la foto. Ese minuto de más puede marcar la diferencia.
Aunque en muchos sitios pequeños la vida es tranquila, también hay robos. No te confíes solo porque la señora de la tienda te diga que puedes dejarlo todo “ahí mismo”. Si no puedes vigilar la bici, al menos deja lo mínimo expuesto, y átala aunque sea por unos minutos.
4. Si haces una visita larga, busca soluciones antes de llegar
Si sabes que vas a visitar una ciudad o un lugar donde no puedes entrar con la bici (como un museo, catedral, etc.), investiga antes. Algunos sitios ofrecen consigna, otros permiten dejar la bici en recepción o tienen zonas habilitadas para cicloturistas.
Planificar esas paradas puede ahorrarte estrés y sustos.
5. Por la noche: mejor dentro (aunque sea incómodo)
Durante un viaje, puede tocarte dormir en casas rurales, hostales, albergues o incluso en tiendas de campaña. Siempre que puedas, intenta dormir con la bici dentro o muy cerca. Un pequeño esfuerzo por subirla unas escaleras vale más que una bicicleta perdida.
Y si duermes al aire libre en tienda de campaña utiliza alguno de los recursos que compartimos en el artículo sobre qué hacer con la bici cuando acampamos.
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Cuando viajas en bici, la seguridad no está solo en el candado que usas, sino en las decisiones que tomas cuando bajas de la bici. Parar a disfrutar del camino no debería convertirse en un momento de tensión. Pero para eso, hace falta un poco de estrategia.
Recuerda: el lugar donde aparcas forma parte del viaje. Así que, como eliges bien una ruta o un mirador, elige también con cuidado dónde dejas tu compañera de dos ruedas. Nos vemos en los caminos.
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Yo suelo llevar dos cadenas; una gruesa enrollada en el cuadro o en la alforja y otra más pequeñina para sujetar solo el sillín aunque sea al mismo cuadro de la bici, así te evitas quedarte sin bici o sin sillín, que también están muy cotizados al hurto.
Los que viajamos con perro, depende del perro, igual ni hace falta atar la bici o no siempre. El ir con perro aunque no pueda entrar contigo en determinados lugares, aunque lo tengas que dejar fuera con la bici ya no se queda solo, porque el perro tiene una misión, vigilar la bici, y la bici parece que no, pero le hace compañía al perro también, es como un «campamento base» con doble objetivo. Depende el perro, no es lo mismo dejar un chihuahua que un pastor alemán, aunque los chihuahuas tengan más carácter, xD
Buenos consejos Carles. Gracias por pasarte. Saludos!