5 alojamientos alternativos para un viaje en bicicleta

¡Hola alforjero/a! Cuando pensamos dónde dormir durante un viaje en bicicleta, lo habitual es recurrir a hoteles, hostales, albergues o casas rurales. Después están los campings y la acampada libre, un tema del que ya hemos hablado muchas veces en ConAlforjas.

Sin embargo, existen otras formas de pasar la noche que pueden resolver una etapa complicada o añadir una experiencia diferente al viaje. Algunas son gratuitas, otras de pago y no todas estarán disponibles en cualquier ruta, pero merece la pena conocerlas.

1. Cabañas

Dormir en una cabaña después de una jornada completa pedaleando tiene bastante encanto. Las hay muy básicas, pensadas únicamente para extender la esterilla y el saco, y también completamente equipadas con cocina, baño y varias habitaciones.

Dinamarca es uno de los países más interesantes en este sentido. Su red pública de zonas de pernocta incluye numerosos shelters de madera para senderistas, cicloturistas y otros viajeros no motorizados. Algunos son gratuitos y otros requieren reserva o una pequeña tarifa.

En el extremo opuesto están los bungalós, el glamping y las cabañas turísticas. Por ejemplo, durante una ruta por la costa atlántica se puede reservar alguna de las cabañas cerca de la playa en portugal situadas en la zona de Nazaré. Antes de hacerlo, conviene comprobar si existe un lugar seguro para guardar las bicicletas y si se exige una estancia mínima.

2. Casas cueva

España cuenta con una importante tradición de casas cueva, especialmente en Andalucía. Las de Guadix y el Sacromonte granadino son probablemente las más conocidas, aunque también pueden encontrarse en otras zonas del sureste peninsular y en las islas Canarias.

Muchas de estas antiguas viviendas excavadas en la tierra han sido rehabilitadas como alojamientos turísticos. Una de sus ventajas es la estabilidad térmica: el interior se mantiene fresco en verano y protegido del frío en invierno.

Eso sí, hablamos de alojamientos autorizados. No de entrar en cualquier cavidad junto al camino. Las cuevas naturales pueden estar dentro de propiedades privadas, albergar fauna protegida o presentar riesgo de desprendimientos.

3. Refugios libres

Los refugios libres, también llamados refugios no guardados, son construcciones básicas de montaña que permanecen abiertas sin una persona encargada de gestionarlas. Algunos cuentan con literas, chimenea o una fuente cercana; otros apenas ofrecen cuatro paredes y un tejado.

Su uso suele ser libre y gratuito, pero eso no significa que podamos tratarlos como una casa particular. Debemos ocupar solo el espacio necesario, no dejar comida ni basura, cerrar bien puertas y ventanas y limpiar antes de marcharnos. Si utilizamos leña, conviene reponerla siempre que esté permitido.

La filosofía es sencilla: que nuestro paso sea imperceptible o, mejor aún, que el refugio quede un poco mejor de como lo encontramos. También hay que llevar un plan B, porque puede estar lleno, deteriorado o sin agua.

4. Plataformas de hospitalidad

Warmshowers es la plataforma de hospitalidad para cicloturistas más conocida. Su red permite encontrar personas que ofrecen gratuitamente una habitación, un sofá, un jardín o un espacio cubierto donde pasar la noche.

Además del ahorro, estas plataformas permiten conocer a gente de la zona. Un anfitrión puede recomendar una carretera tranquila, ayudarte a encontrar un taller o avisarte de algún problema en el recorrido.

Warmshowers no es la única opción. Existen otras plataformas para alojarse en casas particulares o acampar en jardines, como ya vimos en nuestro artículo sobre alternativas a Warmshowers.

No estamos reservando un hotel. Hay que avisar si cambian los planes, respetar los horarios y las normas de la casa y dejar todo limpio. Aunque la estancia sea gratuita, siempre se puede agradecer el gesto de alguna manera.

5. Urbex y edificios abandonados

La exploración urbana, más conocida como urbex, consiste en visitar construcciones abandonadas o en desuso. Durante una ruta es habitual encontrarse con antiguas estaciones, casetas ferroviarias, fábricas o edificios agrícolas.

Algunos viajeros los utilizan para protegerse de una tormenta o incluso para pasar la noche, pero nuestra recomendación es clara: no deben formar parte de la planificación salvo que tengamos permiso del propietario y sepamos que el lugar es seguro.

Un edificio que parece abandonado puede seguir teniendo dueño y ocultar suelos inestables, techos con peligro de derrumbe, cristales, clavos o pozos. No debemos forzar accesos, encender fuego, llevarnos objetos ni modificar el lugar. También conviene ser prudentes al compartir su ubicación exacta en redes sociales.

Respeto y discreción

Muchos de estos espacios existen gracias al esfuerzo de asociaciones, propietarios, ayuntamientos o viajeros que los cuidan. Utilizarlos implica una responsabilidad.

No dejes basura, evita hacer ruido, respeta a los vecinos y no publiques coordenadas alegremente si el lugar es frágil. Una fotografía puede inspirar a otras personas sin necesidad de explicar paso a paso cómo llegar hasta la puerta.

También conviene llevar siempre una alternativa. Un refugio puede estar ocupado, una cabaña cerrada y un anfitrión dejar de responder. Una tienda ligera, material de vivac o dinero para un alojamiento convencional pueden salvarnos la noche.

***

Al final, el mejor alojamiento no siempre es el más bonito ni el más barato. Es aquel en el que podemos descansar tranquilos, dejar la bicicleta a salvo y levantarnos con ganas de seguir pedaleando. ¿Has dormido alguna vez en uno de estos alojamientos alternativos? Te leemos en los comentarios. Nos vemos en los caminos.

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