¿Cómo llevar la Bici en Tren en Alemania?

Poco antes de llegar a Hannover. En este tren, el viajero va en la parte  de arriba del vagón y puede verse que las bicis están atadas

¡Hola alforjero! Continuamos con la serie sobre bici y tren en Europa que nos trae Chema Aramendía. Todo un lujo de información de primera mano. Te recuerdo que esta serie de post comenzó aquí.

Y ahora si, Chema, todo tuyo.

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Bautismo de tren en Alemania

Seguimos. Cuando estando acampado en Maintz (Maguncia, en castellano) a orillas del Rin, me comunicó mi hijo que días después habría terminados sus exámenes, llegó un momento crítico en mi viaje: por primera vez iba a tomar un tren en Alemania.

Había leído algo en Internet sobre cómo viajar en tren con la bici en aquel país y, sobre todo, había preguntado a varios cicloturistas alemanes con los que coincidí, pero tenía un montón de dudas.

Un cicloturista de Dresde con el que coincidí aquel día en el camping, me aconsejó que fuese hasta el cercano Fráncfort, desde donde tendría trenes para toda Alemania.

Así que en la estación de Maintz-Kastel, separada de Maintz tan sólo por el Rin, y que era donde estaba acampado, anoté en mi pase Interrail la fecha 17/06, lo que me permitía viajar en tren durante todo el día, y subí al primer tren con destino a Fráncfort.

En la estación central de Fráncfort (antes me había apeado confundido en otra que no era la central) localicé un tren con destino a Hamburgo.

Antes de subir, pregunté a un ciclista que esperaba ese tren si podría subir con mi bici con el pase interrail y me dijo que previamente debía pasar por la taquilla para hacer la reserva para la bici.

En la taquilla, con mi rudimentario inglés, pude enterarme de que sin la bici hubiera podido coger ese tren de largo recorrido sin problema, pero que, al haber en esos trenes un número limitado de plazas para bicis, tenía que hacer una reserva.

Y, lo que me quedó claro, es que eso convenía hacerlo con uno o varios días de antelación, pues ese día ya no quedaba ninguna plaza para la bici en los trenes con destino a Hamburgo.

También me explicaron que, lo que sí podía hacer, era viajar enlazando trenes regionales, para los que no era necesaria la reserva para la bici.

Me dieron por escrito una hoja detallada con los trenes que debía ir tomando hasta Hamburgo: hora de salida, hora de llegada; andén de llegada, andén de salida para el siguiente enlace…

La descripción me resultó muy clara y, como ya conté en la introducción, en todas las estaciones encontré un ascensor para cambiar de andén con la bici sin ningún problema, de forma que, después de haber tomado ese día ocho trenes distintos, llegué hasta Hannover. Allí, decidí quedarme, pues aún tenía que buscar un camping.

Lecciones de una novatada

Bueno; la novatada de mi primer día de viaje en tren en Alemania me resultó muy instructiva. Ese día aprendí:

Que en aquel país había trenes equivalentes a los TER de Francia (creo que se los podía identificar por la palabra REGIONAL, o similar) en los que podía viajar con mi bici sin reserva alguna, tirando de mi interrail.

Que en las taquillas daban una información muy precisa por escrito, que me resultó valiosísima, y que los enlaces en las estaciones eran muy ágiles gracias a los ascensores.

Que, para tomar un tren de largo recorrido, el pase de interrail es suficiente si se viaja sin bici. Pero con ella, era imprescindible sacar una reserva para la bici. A diferencia de los trenes de alta velocidad de Francia, NO era necesario hacerlo para para el viajero.

Y que era muy importante hacerlo la víspera del viaje o antes, para no quedarte colgado o no tener que ir enlazando trenes regionales, como me ocurrió en mi primera experiencia alemana.

 

Más adelante pude ir aprendiendo algo más:

Que a estos trenes de largo recorrido se les podía identificar como IC, Intercity, o algo similar. Ignoro si todos ellos admiten bicis, pero era frecuente que las admitiesen, y en general eran trenes muy rápidos.

Que en alguno de estos IC había que estar atento, pues podía contar con varios vagones destinados a las bicicletas. Tu bici tenía una plaza en un vagón concreto, no en cualquier vagón que tuviese el símbolo de las bicis.

Yo no llegué a coger el tranquillo, pero la gente sabía perfectamente el lugar exacto del andén en el que pararía su vagón. En estos casos, un criterio que nunca me falló fue preguntar a un bicicletero.

También pude ver que la BD es el equivalente a nuestra RENFE o a la SNCF francesa. Esta es su página web.

Tren con alta ocupación entre Hamburgo y Bon

Hacia el sur de Alemania en tren

Bueno, tras el instructivo bautismo de tren en Alemania, paso al siguiente gran recorrido alemán, ya de regreso hacia España, después de haber pedaleado durante varias semanas por Dinamarca.

A Flensburg, ciudad alemana próxima a la frontera con Dinamarca, llegué pedaleando desde un camping danés situado junto al mar Báltico. Y llegué muy pronto, pues se habían anunciado lluvias por la mañana, y efectivamente hizo un día de perros: estupendo para viajar en tren.

Pero… no había hecho reserva para mi bici con antelación, así que la cosa prometía ser complicada. De Flensburg a Hamburgo no había ningún problema, era un tren tipo regional, pero luego me interesaba uno de largo recorrido hacia el sur.

El señor de la taquilla puso cara como diciéndome: “pero hombre, eso hay que preverlo con antelación”. Yo, tirando del mapa de Alemania, le dije que había una serie de ciudades que me venían igualmente bien: Frankfort, Colonia, Düsseldorf, Bonn…

En el tren de Bonn resultó que sí que había plaza para mi bici y todo lo dejé resuelto en la pequeña estación de Flensburg, pagando únicamente la reserva de mi bici que, como en Francia, me costó entre 8 y 10 euros.

Cerca de Maguncia, hacia Heildelberg, un tren casi vacío

Últimos apuntes sobre mi experiencia en Alemania

Una anécdota: los trenes en Alemania me parecieron de una puntualidad endiablada, pero aquel día en Hamburgo hubo una inusual concatenación de retrasos que me desconcertaron.

Hasta tal punto, que una cicloturista de Heidelberg a la que había preguntado algo previamente, tuvo que rescatarme hasta en dos ocasiones de trenes que iban, uno para Zúrich, y otro para no sé dónde.

A diferencia de lo que me ocurrió en algún caso en Francia, en los trenes regionales de Alemania nunca tuve que esperar al siguiente tren por no poder meter la bici en el primero.

Algo de lo que no estoy seguro, pero sobre lo que habría que estar atento: me pareció entender a un ciclista alemán que los fines de semana podía haber limitaciones para viajar con la bici en el tren. No tuve ocasión de comprobarlo.

Con unos colegas neozelandeses, en un tren cerca de Heidelberg

Sobre la cartografía que utilicé en Alemania

A diferencia de Francia, donde había manejado el mapa de las principales vías verdes en aquel país y sus conexiones con las líneas de ferrocarril, (IGN, Voies vertes et véloroutes de France), no encontré algo similar para Alemania.

No obstante, en las librerías pude ver muchísimos mapas orientados al cicloturismo, pero siempre de carácter local o regional. Incluyo, como ejemplo, un mapa que guio mi recorrido por el Rin entre Mannheim y Colonia: “Rheinradweg 2”.

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Existen también los fascículos 1 y 3, aguas abajo y arriba del mismo río.

Por lo demás, mi experiencia me indujo a pensar que en ese país encontrarás una pista de bici asfaltada para llegar a cualquier localidad por pequeña o grande que fuese, y con una magnífica señalización.

Es lo que me ocurrió cada vez que abandoné la ciclovía del Rin en busca de campings a veces bastante alejados. Pude comprobar sobre el terreno por qué Alemania está considerado el país europeo mejor preparado para el cicloturismo.

Por otra parte, pude ver que existe una formidable red de “pistas nacionales para bici”. Incluyo el mapa que bajé de Internet y que me ayudó para perfilar mi viaje.

Red de cicloturismo en Alemania

Mapa de pistas nacionales de bici de Alemania

Bonus: Dinamarca y Suiza

Bici + Tren en Dinamarca

Mi experiencia de tren en este país fue muy escasa. En Hannover tomé un tren hasta Hamburgo y, otro día, desde Hamburgo a Flensburg, cerca de la frontera danesa, y desde allí enlacé varios trenes hasta Aalborg, en el norte de la península de Jutlandia, que era donde me esperaba mi hijo. De nuevo con el interrail y sin tener que hacer reserva para la bici.

Pasé cuatro días con mi hijo en Aalborg, donde se produjo un cambio de planes. Él regresaba para Francia y no haríamos juntos el viaje que habíamos pensado por los países nórdicos.

Tuve un momento de desconcierto viajero en el que me enfrenté al “síndrome de la barra libre”, ya que tan sólo había cubierto 4 de los 15 fechas posibles para viajar en tren y tenía a mi alcance la posibilidad de viajar, sin sobrecoste en cuanto al medio de transporte, por Noruega, Suecia, Finlandia…

Finalmente, asumí que lo que realmente me apetecía era pedalear, así que, siguiendo el consejo de varios amigos daneses de mi hijo, decidí regresar en bici hacia el sur por la costa oeste, el Mar del Norte; una decisión de la que no me arrepentiría.

En Aalborg tomé un autobús regional que me acercó hasta un pueblo de la costa y allí inicié el fantástico camino de regreso, siempre por pistas de bici.

Según me habían anunciado los amigos daneses de mi hijo, en los autobuses regionales de Dinamarca, se podía viajar sin problemas con la bici. Para aquel viaje en bus, muy barato, no utilicé el Interrail. No sé si hubiera podido hacerlo.

Para Dinamarca, me resultó clave “Cykelkort Danmark”. Un mapa muy completo en la que pueden seguirse las 11 pistas de bici nacionales en Dinamarca.

Me resultó fascinante la experiencia de recorrer la costa oeste de Dinamarca, siguiendo la pista de bici nacional 1.

Bici + Tren en Suiza

Mi contacto con Suiza fue muy efímero; tan solo tomé el tren en dos ocasiones. Una, para ir desde Heidelberg a una localidad situada en el Jura, a unos 30 kilómetros de Basilea, donde vivía una amiga, y otra, para viajar desde allí hasta Lyon.

En el tipo de trenes que utilicé, de corto recorrido y con numerosas paradas, no tuve problema para viajar con mi bici con el interrail, sin haber hecho reserva alguna. También metí la bici en un autobús que suplía el servicio ferroviario entre dos localidades.

Estuve a punto de liarme en Basilea, donde no sabía que había una estación francesa, una alemana y otra suiza.

Para el regreso de Suiza, en Basilea tomé un tren hasta la cercana localidad francesa de Mulhouse, desde donde decidí tomar un tren regional para Lyon.

Desde allí prolongaría aún durante varios días mi viaje hasta el Mediterráneo y luego hasta Irún, alternando el cicloturismo por vías verdes con los trenes regionales.

Dos trenes cerca de Basilea con una ocupación bien distinta

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Cerramos aquí esta serie de «ciclotrenismo» de la mano de Chema Aramendía. Agradecemos enormemente a Chema su predisposición a colaborar y aportar esta valiosa información a la comunidad alforjera.

Si quieres aportar tu propia experiencia al tema o tienes alguna duda, puedes dejar un comentario a continuación, así aprenderemos todos. Nos vemos en los caminos.

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