¡Hola alforjero/a! Cuando hace años comenzamos a viajar en bicicleta no existía, o al menos no estaba tan extendida como ahora, la comida liofilizada.
Nuestro sistema se parecía más a comprar un paquete de pasta, hervirlo en el hornillo y volcarle un brik de tomate frito y tal vez un par de latas de atún. Poco sofisticado, pero cumplía su función.
Hoy en día tenemos muchas más opciones para preparar comidas y cenas si viajamos en modalidad autosuficiente, es decir, con el hornillo en las alforjas.
En este artículo nos vamos a centrar exclusivamente en un tipo: la comida liofilizada, ya que para nuestro caso en concreto aporta muchas ventajas interesantes. Vamos a verlas.
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La comida liofilizada
La comida liofilizada es un alimento al que se le ha eliminado prácticamente toda el agua mediante congelación y vacío. El resultado: platos muy ligeros, compactos y con una conservación larguísima. Para comerlos solo tienes que añadir agua caliente, esperar unos minutos y listo.
Al no emplear calor, evita en gran medida las pérdidas de nutrientes, por lo que no necesariamente debería ser una comida nutricionalmente pobre. Esto ya dependerá de la calidad de los productos usados para la liofilización.
Aunque pueda sonar a tecnología muy moderna, es un proceso que se lleva haciendo de forma más o menos rudimentaria desde hace siglos, aunque no fue hasta principios del siglo XX cuando fue inventado el proceso de liofilización moderno.
Pros y Contras de la comida liofilizada
La comida liofilizada no es la solución perfecta para todo el mundo ni para todas las rutas. Así que vamos a ver las ventajas e inconvenientes de llevarla a un viaje en bici.
Ventajas
- Peso mínimo. Es su gran baza. En una ruta larga, cada kilo cuenta y en este caso hablamos de platos que pesan 100-150 g y se convierten en una comida completa.
- Volumen reducido. Ocupan muy poco espacio en las alforjas, por lo que puedes llevar varias raciones sin problema.
- Preparación rápida. Agua caliente, 10-15 minutos y comes. La mayoría de estas comidas ya vienen en una bolsa donde verter directamente el agua caliente, por lo que además no ensucias nada.
- Autonomía total. Te permite planificar etapas sin depender de pueblos, bares o supermercados.
Inconvenientes
- Precio. Es más caro que si preparas tu propia comida. Una comida liofilizada con un mínimo de calidad puede costar entre 4 y 12 euros. Si lo usas todos los días, el presupuesto se dispara.
- Sabor irregular. Hay platos decentes y otros que parecen comida de emergencia. No esperes alta cocina y prueba la comida antes del viaje (no es momento de experimentos). Añade aceite de oliva o especias si quieres mejorar el sabor.
- Dependencia del agua caliente. Sin cocina o sin acceso a agua caliente, no sirve de nada. Lleva siempre un poco más de agua de la que crees que necesitarás.
- Digestión y energía. No todos los platos sacian igual. Algunos dan energía rápida, pero te pueden dejar con hambre a las pocas horas. No dependas de ella como única fuente de energía varios días seguidos.
¿Tiene sentido para viajar en bici?
Vistas las ventajas e inconvenientes podemos decir que no es una solución “para todo”, pero que encaja muy bien en ciertas rutas largas con poca infraestructura y mucha distancia entre aprovisionamientos (montaña, desiertos, zonas rurales…), donde interesa reducir al máximo el peso.
Si te gusta la autosuficiencia, acampar en lugares remotos o hacer etapas largas sin depender de nada, sí: es una herramienta muy útil. No es mejor ni peor. Es una herramienta más. Y como todas las herramientas en cicloturismo, funciona bien cuando sabes cuándo usarla… y cuándo no.
Ahora bien. Si tu ruta pasa por pequeños pueblos donde puedes aprovisionarte sin problema, la recomendación es clara: compra comida fresca en las tiendas locales.
No solo por una cuestión de calidad o por el simple placer de cocinar con buenos productos, sino porque tu paso por esos lugares tiene un impacto real. Cada compra que haces en una tienda de pueblo es una forma sencilla de devolver parte de lo que recibes en el camino.
Y hay algo más importante todavía: al hacerlo, el viaje deja de ser solo una experiencia logística para convertirse en algo más humano. Acabas llevándote mucho más de lo que pagas. Conversaciones, gestos, anécdotas y pequeñas historias que difícilmente aparecen cuando todo lo resuelves desde la bolsa de comida liofilizada.
Así que si. Lleva un par de ellas en el fondo de las alforjas. Pero siempre que sea posible, compra local.
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Hasta aquí nuestro artículo sobre la comida liofilizada y su utilidad para los viajes en bici. ¿Sueles llevar este tipo de comida en tus alforjas o eres más de comprar los alimentos frescos y ponerte a cocinar? Déjanos un comentario con tu sistema de comidas, así aprenderemos entre todos. Nos vemos en los caminos.
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Nunca me falta queso curado chorizo y frutos secoas en el fondo de la alforja para las pájaras, nunca la he utilizado. No se si para viajes muy lejanos y extremos haria falta si no hay pueblos donde disfrutar de sus gastronomias.
Gracias por pasarte Gustavo! saludos
La he utilizado en algunas ocasiones y la verdad es que muy buena no estaba.
La veo muy bien como una ración de emergencia para un día que llegues tarde a tu destino y no tengas nada que comer.
Saludos
Así es Antonio, para una emergencia te pueden salvar el pellejo. Pero habiendo alternativas no debería ser la primera opción. Saludos
Si tienes un problema de alergia al gluten como es mi caso, lo que ocurre es que en la mayoría de los supermercados de pueblos pequeños, las posibilidades de comer se reducen bastante y en los restaurantes aun mas. Me parece una buena opción
Muy buen punto Antonio!! No lo habíamos pensado. Saludos