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Grandes Cicloviajeros #3: Javier Bicicleting

Grandes Cicloviajeros #3: Javier Bicicleting
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Enero de 2013. Puerto de Selim. Armenia.

Casi no he pegado ojo y estoy muerto de hambre. Estoy agotado. Después del esfuerzo del día anterior en el que encima no tuve nada para cenar, hoy tampoco tenía nada para desayunar.

 Es el tercer día sin dirigir palabra a nadie. Sin ver a nadie. La única señal que me indica que no soy la única forma de vida, son las grandes cantidades de pisadas de lobo sobre la nieve… y de algún gran felino…

No tengo ni agua, tengo que masticar nieve…

¡Muy buenas alforjer@! Seguimos con la serie Grandes Cicloviajeros (ver #1,#2). Para el tercer capítulo traemos a un tío muy, muy loco. Hay varias formas de dar la vuelta al mundo en bicicleta y luego está la de Javier Bicicleting: dando todos los rodeos imaginables, atravesando los caminos más inaccesibles y echándole unos h*** como nunca habíamos visto antes y todo ello con un objetivo: Plasmar en su cámara de fotos las maravillas y desgracias del mundo ¿Quieres conocer su historia? Pues sigue leyendo.

 

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Sudeste asiático. Hey Mister!

Septiembre de 2010, este fotógrafo madrileño, aunque de corazón gallego, desliza su dedo sobre el mapa del mundo hasta que se detiene en el punto más lejano posible: Indonesia. “Este debe ser un buen sitio para empezar”.

Javier comenzó su gran viaje en Yakarta, donde la tierra ruge a través de miles de volcanes humeantes formando paisajes surrealistas. Y lo primero que hizo nada más empezar su viaje fue subir a un volcán en bici, concretamente al impresionante volcán de Bromo.

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Desde Java continuó por las islas de Bali, Flores y Sulawesi, haciendo avanzar a su GT Avalanche a golpe de pedal bajo el continuo grito de “Hey Mister!” con el que le recibieron los millones de indonesios con su forma de ser, tan amable, hospitalaria, y alegre. Terminó su vuelta a Indonesia cruzando la gran isla de Sumatra, no sin antes visitar las minas de azufre del volcán Kawa Ijen, y las minas de oro de Sumbawa y Manado, donde sus gentes, irónicamente, se dejan la vida para poder sobrevivir.

Continuó hacia los países del río Mekong. Allí escaló los acantilados de piedra caliza en Ton Sai en Tailandia, disfrutó de las refrescantes aguas de las cascadas de la meseta de Bulaven en Laos, recorrió los enigmáticos templos de Angkor en Camboya y cruzó las verdes montañas del noroeste de Vietnam. Su siguiente paso era adentrarse en Asia, donde lo mejor estaba aún por llegar.

La gran Asia

El viaje continuaba ahora por China. Durante varias semanas Javier tuvo que pedalear por el gigante asiático hasta que pudo dejar atrás los paisajes más industriales para llegar a la espectacular garganta del Salto del Tigre, uno de los valles más profundos del mundo. Por fin empezaba a ver montañas, montañas que escondían un tesoro secreto: el Tibet.

 

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El pueblo tibetano le recibió con una hospitalidad inmensa, confirmando que la generosidad reside en el corazón de los que tienen menos. Aquí la vida transcurre sin prisas, ajena al ritmo frenético del resto del mundo y en contacto total con la naturaleza. Cientos de kilómetros de altiplano y puertos de montaña quedaban atrás, el olor a incienso y el sonido del motor de los camiones Tata daban la bienvenida a Javier al país de la montaña: Nepal.

Ante mi tenía la cordillera del Himalaya, donde el blanco de la nieve aparecía tras las colinas desérticas. Un muro donde se alojan cuatro ochomiles. Liderado por el Everest, una mole triangular de roca y nieve, y junto a él, el Lhotse, el Makulu  y el Cho Oyu.

 

Durante varios días aparcó la bicicleta para caminar a la sombra de los Himalayas por el circuito de los Annapurnas. Después continuó su viaje hacia la India. No sin antes cruzar Bangladesh, donde recibió una bienvenida calurosa a la par que surrealista por parte de los soldados de la frontera: 

“Soy el comandante ‘tal’ y quiero darle la bienvenida a nuestros país. Es un honor tenerle como invitado.” 

Me pregunta por mi viaje en bici, y sin soltarme la mano y sonriendo a la cámara que nos está haciendo fotos, menciona la copa del mundo de fútbol y me dice que el animaba a España. No daba crédito a la situación en la que me encontraba. Estaba anonadado por la bienvenida que estaba recibiendo este nuevo país. 

Un soldado me acerca una libreta y me pide por favor que le firme un autógrafo y que le escriba algo. 

“Es la mejor bienvenida que jamás he tenido”, y el soldado lo lee en alto para que lo escuchen los allí presentes. 

Finalmente, y con la intención de llegar esa misma noche a Dhaka, a 150km de distancia, me despido. Había oído maravillas de Bangladesh pero nunca me imaginé en una situación así. Alejándome, feliz después de haber recibido tan increíble trato, ya por la carretera me doy la vuelta para despedirme por última vez y veo a los soldados allí inmóviles ocupando toda la carretera mientras me ven alejarme…

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Ha sido en la India donde Javier ha encontrado mayor desigualdad y más miseria, un país que presume de ser la quinta  potencia económica mundial, potencia nuclear y donde viven algunas de las personas más ricas del mundo. Allí tuvo que cambiar su primera bicicleta por una Orbea T-Ravel sport H10 de 28″.

Calcuta,  Varanasi, Rishikesh… Bicicleting trazó una línea de este a oeste atravesando la India pero tardó poco en volver a virar al norte. El Himalaya lo llamaba a su encuentro y ahora tocaba atravesar el paso del valle Kinnaur, una de las carreteras más impresionantes del mundo. Sin embargo, en la frontera con el Tibet por no tener pasaporte tuvo que volver hacia atrás desandando sus pasos, tocaba buscar otro acceso, una carretera plagada de puertos de montaña, casi todos rondando los 5.000 metros, entre ellos el paso de Rothang, en el idioma local “montones de cuerpos muertos”: La carretera de Manali a Leh

Fueron 8  horas de subida notando la altitud en cada metro por la falta de oxígeno. Cada pedalada era seguida por varios segundos de recuperación, casi a cámara lenta, hasta que al alcanzar la cumbre, a 3.800 metros, colándose por las paredes de hielo me esperaban unas  increíbles vistas del Himalaya, donde las nubes parecían volar acariciando las montañas…

A partir de aquí el viaje de Javier se convierte en el guion de una película de aventuras. 2 de los 3 puertos más altos del mundo. A la dificultad de llevar una bicicleta cargada con alforjas y grandes pendientes en los monstruosos puertos, había que sumar la falta de oxígeno que hay a estas alturas, las densas nieblas y las ventiscas.

Fueron días extremadamente duros, donde pedaleó junto con Quico y Natalia. Solo la voluntad y el enorme esfuerzo físico y mental les permitieron cruzar una de las regiones más montañosas del mundo, no sin antes pasar por algunos momentos delicados:

No nos quedaba nada de comida y el agua potable se nos estaba acabando. El agua color marrón grisáceo del río no era muy apetecible ni parecía saludable, pero en el peor de los casos era la que nos iba a tocar beber.

Finalmente llegaron a Pakistán, entrando en los países musulmanes y dejando atrás la India. Un increíble y maravilloso país lleno de gente generosa y hospitalaria además de poseer, probablemente, las montañas más bellas del mundo. Pero como venía siendo costumbre, el viaje de nuevo apuntaba al norte, de nuevo… montañas.

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Por segunda vez en el viaje, entró en territorio chino, la hospitalidad pakistaní se desvanecía en la indiferente mirada de los rasgados ojos de los soldados chinos que custudiaban la frontera. Continuaron su paso hacia Kirguistán y Tayikistán, países enormemente hospitalarios donde se encuentran los Pamires, una de las regiones más frías de Asia, y una vez la aplastante lógica de Javier se impuso:

Era casi noviembre,  las temperaturas allí serán extremas, posiblemente nos encontremos con ventiscas, pero nada mejor que recorrerlos en invierno para así despedirse como es debido de la alta montaña. Se lo merece.

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Soportando temperaturas de hasta -30º C, cruzaron esta inhóspita región, los paisajes que atravesaron son simplemente impresionantes. En su camino hacia Uzbequistán, Javier siguió tomando las carreteras más inaccesibles, remotas y siempre siguiendo la norma de entre dos opciones de carreteras tomar siempre la más dura. Como él dice:

“Más duro el camino, más dulce el destino”

Desde allí cruzó la militarizada Turkmenistán montado en un camión hacia su próximo destino, un país extremadamente rico en gas y petróleo sometido por un limitado número de personas. Las temperaturas subían al mismo ritmo que avanzaban rumbo al sur, hacia su próximo destino en el corazón de Oriente Medio: Irán.

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De nuevo en Irán volvieron a encontrarse con la enorme hospitalidad de los pueblos musulmanes, junto con su deliciosa comida y sus paisajes increíbles. Un país tan grande como espectacular. De Irán pasaron a Turquía. No sin antas pasar uno de los pasajes más sobrecogedores y extremos de todo el viaje correspondientes al pasaje con el que abríamos el post, tres días de odisea en los que Javier llegó a temer por su vida, si quieres leer el pasaje completo puedes hacerlo aquí.

Por fin en Turquía, Javier y Natalia atravesaron la Capadocia y entraron en la vieja Europa cruzando el mar de Mármara para empezar a recorrer Europa atravesando los Balcanes, Italia, Francia y finalmente los Pirineos para entrar en España.

Podrías pensar que su aventura terminó aquí pero no. Javier continuó hacia el sur para atravesar el continente africano. Sin embargo nos llevaría otras 2.000 palabras contarte sus aventuras en África, así que te invito a que las descubras tú mismo a través de su blog y su Facebook. Actualmente Javier se encuentra a punto de comenzar su viaje por el continente americano así que no le pierdas de vista.

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Si quieres apoyar a Javier en su proyecto puedes aportar tu granito de arena aquí o incluso comprar una de sus fantásticas fotos aquí. La mayoría de esas fotografías han sido cedidas para proyectos de ONGs y Fundaciones que trabajan con los más necesitados, con la intención de dar a conocer las condiciones en las que viven muchos pueblos y que no son portada de actualidad, salvo cuando sufren alguna calamidad o catástrofe y se convierten en noticia de telediario uno o dos días para luego  olvidarnos de ellos.

Javier, Kabir como le llamaban los indios, nos ha enseñado que no es lo mismo pobreza que miseria, la desgracia que tienen algunos de nacer en países ricos en recursos naturales donde unos pocos acumulan las riquezas mientras el resto de sus habitantes se mueren de hambre y que a pesar de todo la mayoría de personas que habitan este mundo son buenas y siempre están dispuestas a ayudar y lo único que quieren es que les dejen vivir sus vidas tranquilos y en paz.

 

 

***

Aquí termina el tercer capítulo de la serie Grandes Cicloviajeros. Mucha suerte Javier.

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