Foto de Peter R.
¡Hola alforjero/a! Durante mucho tiempo, viajar en bicicleta significaba aceptar un contrato no escrito. Si había un puerto, había que subirlo (solo) con tus piernas, si entre dos pueblos había 110 kilómetros, había que hacerlos, y si la ruta atravesaba una zona extensa sin alojamientos, tocaba cargar tienda, saco y comida.
Las bicicletas eléctricas han empezado a cambiar algunas de esas reglas. No porque conviertan el cicloturismo en algo fácil ni porque eliminen el esfuerzo. Lo que hacen es algo más interesante, mover los límites.
Permiten recorrer más kilómetros, suavizan las diferencias físicas entre compañeros de viaje, hacen posible que algunas personas vuelvan a subirse a una bici y, al mismo tiempo, introducen nuevas limitaciones que antes no existían: autonomía, puntos de carga, peso y problemas para combinar la bici con otros transportes.
En 2025 las bicicletas eléctricas ya representaron el 21,5% de todas las bicicletas vendidas en España, según AMBE. Así que esto no es una moda. Cada vez veremos más e-bikes con alforjas en Caminos de Santiago, Vías Verdes y rutas de varios días.
Y eso nos parece una buena noticia.
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¿Qué ha cambiado entonces?
Dicho esto, las implicaciones de viajar en eléctrica a no hacerlo influyen en muchos niveles. Estos son solo algunos de ellos, pero si quieres aportar otras visiones, te leo en los comentarios. Vamos a verlos:
1. Etapas más largas
El primer cambio es el más evidente. Con asistencia eléctrica es posible recorrer más kilómetros en un día de los que harías con una bicicleta convencional.
En un viaje esto puede tener una consecuencia especialmente interesante: desbloquear posibles rutas que antes obligaban a ser autosuficiente por falta de alojamientos intermedios.
Imagina un tramo de 100 o 120 km entre dos localidades con alojamiento. En una bici convencional, para mucha gente eso significaría dividir la etapa y dormir en tienda, refugio o vivac. Con una e-bike, ese mismo tramo puede convertirse en una jornada razonable.
Es por eso que cada vez más, veremos rutas específicamente diseñadas para ebikes (o para gente que esté muy en forma), con etapas y desniveles por encima del clásico 60km/+600m. Se vuelve más necesario fijarse bien en las etapas propuestas.
2. Necesidad de carga
En una bici convencional puedes llegar a un pueblo, comer algo, dormir y salir al día siguiente. Con una e-bike necesitas añadir una pregunta: ¿Dónde voy a cargar la batería?
Esto cambia bastante la planificación de las etapas. Un alojamiento perfecto deja de ser tan perfecto si no permite guardar la bici cerca de un enchufe o si no acepta cargar una batería desmontada en la habitación. No suele pasar, pero algún caso nos ha llegado.
Muchas certificaciones europeas de alojamientos ciclistas ya incluyen entre sus servicios la recarga gratuita de baterías de e-bike. EuroVelo, por ejemplo, recoge este servicio entre los habituales de las redes de establecimientos cycling friendly.
Lo ideal es confirmar siempre con el alojamiento antes de reservar:
- Si puedes guardar la bicicleta en un espacio seguro.
- Si puedes cargar la batería allí mismo.
- Si el enchufe está disponible durante toda la noche.
- Y, si la batería no es extraíble, si puedes acercar la bicicleta hasta el punto de carga.
Esto último parece una tontería hasta que llegas a una pensión en una segunda planta sin ascensor con una bici de 27 kilos. Por eso siempre recomendamos modelos con batería extraíble.
También aparece una posibilidad nueva: cargar parcialmente durante el día. Con sistemas actuales, una parada larga para comer puede devolver una parte importante de la batería.
4. Igualar fuerzas
Este quizá sea uno de los cambios menos visibles y más importantes. Cualquiera que haya viajado en bici en grupo sabe que dos personas con niveles físicos distintos pueden acabar teniendo ritmos completamente incompatibles.
La e-bike permite reducir esa diferencia. Una pareja puede viajar junta aunque uno de los dos tenga mucha más forma física. Un padre puede seguir viajando con un hijo más joven. O una persona que se recupera de una lesión puede volver a salir con su grupo habitual.
Esto no significa que todo el mundo vaya al mismo ritmo automáticamente. Hay que seguir acordando kilómetros, paradas y velocidad. Pero la asistencia eléctrica permite compensar parte de la diferencia física sin cambiar el tipo de viaje. Y eso puede ser la diferencia entre dejar de viajar en bici o seguir haciéndolo durante muchos años (tenemos ejemplos cercanos de cicloturistas de +80 años, la edad no es excusa).
5. Más cicloturistas
La asistencia no solo ayuda a quien ya era ciclista. También reduce algunas de las barreras mentales que hacen que mucha gente descarte directamente el cicloturismo: miedo a las cuestas, falta de forma física, preocupación por aguantar varios días seguidos o pensar que hay que ser «muy ciclista» para poder hacer un Camino de Santiago.
Parece una tontería, pero la mayoría de gente que no se lanza a hacer su primer viaje es por este tipo de miedos, no por falta de equipo, tiempo o dinero.
Eso no quiere decir que una e-bike elimine toda exigencia. Hay que pedalear, aguantar horas sobre el sillín, gestionar el cansancio, soportar calor o lluvia y volver a hacerlo al día siguiente. Pero sí reduce el nivel de forma física necesario para empezar.
Hacer un viaje de 500 km en e-bike implica bastante más actividad física que quedarse en casa y, por cierto, es una mucho mejor forma de invertir tu tiempo.
6. El peso
La asistencia se nota mucho cuando la bici rueda. Cuando hay que levantarla, desaparece. Y aquí las e-bikes pueden convertirse en un problema serio.
Muchas bicicletas eléctricas de trekking pesan alrededor de 25-30 kg sin equipaje. Por ejemplo, varios modelos actuales de la gama CUBE Kathmandu Hybrid rondan los 26-29 kg. Si añadimos alforjas, agua y material de acampada, no es difícil terminar manejando un conjunto de 35 kg o más.
Eso importa mucho más de lo que parece a la hora de escoger ruta. Un tramo de 300 metros en el que haya que empujar una bici convencional puede ser una pequeña molestia. Si hay que:
- Subir unas escaleras.
- Salvar un muro o una valla.
- Cruzar un arroyo cargando la bici.
- Levantarla para subirla a un tren.
- O portear durante un sendero no ciclable.
Muchas e-bikes modernas incorporan asistencia al empuje, que ayuda muchísimo cuando puedes avanzar caminando con las ruedas sobre el suelo. Pero no sirve cuando hay que levantar físicamente la bicicleta.
Por eso, al planificar una ruta con e-bike, yo revisaría con especial atención cualquier indicación del tipo «tramo no ciclable», «porteo», «escalones», «paso de valla» o «sendero técnico».
7. Rutas extremadamente remotas
Paradójicamente, la bicicleta eléctrica permite afrontar rutas más duras físicamente, pero puede complicar las rutas más remotas. Con una bici convencional, si tienes comida y agua puedes pasar varios días sin electricidad. Con una e-bike dependes tarde o temprano de una toma de corriente. Y no, tu panel solar de Decathlon no sirve para cargarla.
Eso hace que determinados viajes de autosuficiencia total requieran mucha más planificación. Las soluciones existen: segunda batería, niveles de asistencia bajos, planificación de puntos de carga o jornadas parcialmente sin asistencia. Pero todas tienen un coste en peso, precio o complejidad.
La e-bike puede permitirte pedalear mucho más lejos en un día y, al mismo tiempo, hacerte más dependiente de la infraestructura al cabo de varios días.
8. El transporte público
Y aquí llegamos al que sigue siendo uno de los grandes problemas del cicloturismo eléctrico: llevar la ebike en avión, autobús o tren.
- El avión es especialmente problemático. Las baterías de litio superiores a 160 Wh no pueden viajar normalmente como equipaje de pasajeros y deben transportarse como mercancía peligrosa. Las baterías de una e-bike suelen superar ampliamente esa capacidad, así que volar con una bicicleta eléctrica completa no funciona igual que hacerlo con una bici convencional.
- En autobús depende del operador. Algunas compañías prohíben expresamente dispositivos de movilidad con baterías. En España, por ejemplo, Alsa mantiene actualmente esa restricción.
- El tren suele ser más favorable. Renfe excluye específicamente las bicicletas eléctricas de las restricciones aplicables a otros vehículos eléctricos personales, aunque siguen existiendo las condiciones de transporte de bicicletas de cada tipo de tren.
Todo esto condiciona especialmente las rutas lineales. Una ruta circular en la que llegas en coche con la e-bike es sencilla. Una travesía de 700 km que empieza en una ciudad y termina en otra puede requerir bastante más ingeniería logística.
9. La avería mecánica
Una e-bike sigue teniendo ruedas, frenos, transmisión y cables. Muchas averías de viaje son exactamente las mismas que en cualquier bicicleta. Pero motor, batería, sensores, pantalla y electrónica añaden componentes que no vamos a reparar con una multiherramienta junto a la carretera.
Esto no significa que las eléctricas sean necesariamente poco fiables. Significa que, cuando aparece una avería electrónica seria, la dependencia de un seguro de asistencia en ruta es mayor.
Viajar en e-bike es viajar en bici
En ConAlforjas nos da bastante igual si recorres una ruta con una bicicleta de acero de 20 años, una gravel de carbono, una MTB, una reclinada, una tándem o una bicicleta eléctrica.
Cada persona pone el nivel de dificultad donde quiere. Unos duermen siempre en tienda y otros en hoteles. Unos hacen 40 kilómetros al día y otros 150. Algunos viajan con 30 kilos de alforjas y otros con una bolsa de sillín de cinco litros. La asistencia eléctrica es simplemente otra variable.
Si te subes a una bici y sales ahí fuera a vivir una aventura, estás haciendo cicloturismo. No hay aventura pequeña y no existe una forma oficial de viajar en bici. Tu forma de viajar en bici, es la correcta.
De hecho, una de las cosas que más nos gustan de las e-bikes es precisamente que han permitido que gente que nunca se hubiera planteado un viaje en bicicleta se anime a hacerlo.
Y eso, para nosotros, pesa bastante más que cualquier debate sobre si «cuenta» igual. Que personas que llevaban años alejándose poco a poco de la bici por edad, lesiones, problemas físicos o simplemente porque ya no disfrutaban subiendo determinados puertos, hayan vuelto a viajar… ¿Quién puede estar en contra de eso?
ConAlforjas nunca ha ido de demostrar cuánto eres capaz de sufrir sobre una bicicleta. Va de subirte a ella y salir ahí fuera a vivir aventuras. Y si para hacerlo necesitas un pequeño empujón eléctrico, bienvenido sea.
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Hasta aquí esta reflexión sobre cómo las bicicletas eléctricas están cambiando el cicloturismo. Si viajas habitualmente con e-bike, nos interesa especialmente tu experiencia. Déjanos un comentario y seguimos aprendiendo entre todos. Nos vemos en los caminos.





