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El primer hombre que recorrió África en bicicleta

Finales de 1931, mientras en España se viven los primeros compases de una recién estrenada II República, un joven polaco comienza uno de los viajes en bicicleta más espectaculares de todos los tiempos.

¡Hola alforjero! Ya sabes que de vez en cuando nos gusta traer al blog historias de los pioneros del cicloturismo. Aventuras sobre viajes que nos llevan a una época mágica en la que todavía quedaba mucho mundo por explorar.

Después de ver las primeras vueltas al mundo en bicicleta de Thomas Stevens o Frank Lenz, la aventura de Annie Londonderry o nuestro héroe nacional cicloturista, Isidoro Mellado, le toca el turno a Kazimierz Nowak.

Nowak escribió su nombre en letras de oro en la historia del cicloturismo con un viaje que le terminaría costando la vida, pero empecemos por el principio.

Kazimierz Nowak

Nowak nació en el sur de Polonia en 1897, poco después de la época dorada de las grandes expediciones africanas del explorador británico David Livingstone.

Estas historias no tardaron en fascinar al joven Kazimierz y su intención de conocer África empezó a crecer poco a poco en su interior.

Mientras tanto comienza a viajar en bicicleta por Polonia descubriendo sus dos pasiones: los viajes y la fotografía. Esto inclinaría definitivamente su trayectoria profesional hasta convertirse en corresponsal de prensa.

Sus primeros viajes periodísticos le llevan a viajar en bicicleta por Europa en dos ocasiones, recorriendo Hungría, Austria, Italia, Bélgica, Países Bajos, Rumania, Grecia y Turquía.

Pero en la cabeza de Nowak se estaba gestando un viaje mucho mayor, recorrer África de norte a sur. Pocas personas saben de su intención entonces, y entre los que saben, pocos creen en la posibilidad de cumplir estos sueños.

El viaje por África

El 4 de noviembre de 1931 parte de Polonia hacia Roma en tren. Desde allí, ya en bicicleta, llega hasta Nápoles, donde se embarca hasta tocar tierra africana por primera vez en Trípoli (Libia).

Comienza así su viaje, pero pronto las autoridades italianas, que ejercían control colonial en la zona, le obligan a desviar la ruta hacia el Este.

De este modo, Nowak se embarca en Bengashi hasta Alejandría, en Egipto. Usando el Nilo como guía, se dirige de nuevo hacia el sur.

A medida que avanza se va adentrando más y más en lo desconocido. Conoce a los Tuaregs, Watussi, Pigmeos, Bóers de Transvaal, Bosquimanos, enanos de Babing, Abasalampas salvajes, Negros de Hauss y muchos otros habitantes exóticos del continente conectados por un destino común, la supervivencia.

La noticia de un blanco solitario viajando en un vehículo extraño le precede a su llegada a las aldeas. En la soledad de la tienda de campaña, Nowak escribe sus reflexiones sobre lo que ve.

Escribe para periódicos sobre la belleza del continente, pero también sobre el horror del desierto africano, sobre el colonialismo y la globalización. Y esto en una época en la que no eran muchos los que criticaban la cuestión colonial.

En Abril de 1934 llega por fin a Ciudad del Cabo, en Sudafrica. Los británicos, fascinados por su hazaña, le ofrecen trasporte gratuito en primera clase a Europa. Pero esto no entraba en los planes del bueno de Kazimierz.

Vuelta al Norte

Poco después de llegar, atenazado por la malaria y sin apenas sin dinero, pone rumbo al norte con todo el continente africano por delante. De nuevo en bicicleta. Pero pronto su vieja compañera dijo basta.

En el desierto de Namibia la bici se hace pedazos. Milagrosamente, un polaco que vivía en la zona le cede un caballo llamado Rys y compra otro para cargar su equipaje. Viajará en caballo durante los siguientes 3 mil kilómetros.

En Angola de nuevo se hace con una bicicleta, pero la alegría le dura poco.  Al cruzar el río Kassai, la canoa no es lo suficientemente estable y la bici se va al agua. Los próximos cientos de kilómetros serán a pie.

Pronto se vuelve a hacer con otra embarcación con la que navegará durante dos meses en solitario por los ríos Lulua, Kassai y Congo.

En su viaje hacia el norte va alternando el transporte en bicicleta con largos tramos en dromedario. Hasta que por fin, en noviembre de 1936, después de más de 40 mil kilómetros, llega de nuevo a las costas del mar mediterráneo en la ciudad de Argel.

Poco después, tras grandes dificultades para sufragar los gastos del último tramo del viaje, llega a su casa en Poznan el día de nochebuena.

Los últimos días

Tras su regreso a Polonia, Kazimierz se dedica a dar conferencias sobre su viaje. Pero poco a poco se va gestando en su cabeza la próxima aventura: recorrer India y el sudeste asiático en bicicleta.

Por desgracia este viaje nunca llegó a producirse. Menos de un año después de regresar a casa muere en el hospital a causa de una neumonía provocada en parte por los continuos recaimientos de la Malaria contraída en su viaje.

El libro

Si incluso hoy el continente africano es uno de los destinos más salvajes, imagina lo que sería viajar en bicicleta por una desconocida África en los años 30.

Una de las cosas más valiosas que nos dejó Kazimierz Nowak fue su historia en forma de libro que hace unos años se tradujo al español por la editorial Ediciones del Viento.

Son 560 páginas y más de 190 fotografía. Así que si quieres revivir su aventura al completo puedes hacerte con él a continuación.

Ver Libro

Hasta aquí este post sobre Kazimierz Nowak, esperamos que te haya gustado tanto como a nosotros seguir la huella de este aventurero polaco. Un hombre que sin duda aprovecho sus días y vivió persiguiendo sus sueños. Nos vemos en los caminos.

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12 comentarios

  1. José Luís Anguita dice:

    Muchas gracias Carlos por compartir esta historia maravillosa. Compraré el libro, seguro que engancha con las experiencias de este valiente aventurero. Por cierto que recientemente el periódico El País, publicó un interesante artículo sobre una vasca afincada en U.K. que contando ya con unos sesenta años, ha recorrido también el continente africano. Gente admirable!
    Un saludo,
    José Luís Anguita

  2. Hugo Mario Bertoldi Illesca dice:

    ¡Qué buena historia la de Kazimierz Nowak, estimado Carlos! Es motivadora y me hizo sentir que sí es posible emular su travesía, sea en África o en cualquier otro sitio de este precioso planeta. ¡Gracias por compartirla y dejo un abrazo muy austral desde esta Argentina en la cual vivo y pedaleo a mis sesenta y tres años! De hecho, estoy entrenando tramos de ruta pavimentada de unos sesenta kilómetros un par de veces a la semana con miras a un viaje de mediana distancia. Me agradaría recibir sugerencias con relación a los elementos indispensables que debo llevar en mi viaje. Abrazonrisas y mis buenos augurios a todos.

  3. Omar erazo dice:

    Los alforjeros somos aventureros de corazón. Excelente artículo. Comprare el libro. Ya me dio ganas de volver a cargar mi bici !!

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